Ando con mil cosas encima, en mi cabeza. Quiero hacer mucho, pero ando corto de fuerzas y de voluntades. Pero bueno, poco a poco todo se va componiendo. Mis proyectos, en este momento, están en temas bastante amplios, que espero vayan apareciendo acá conforme vayan adquiriendo algo de coherencia y cuerpo.
Por ahora, de lo más claro que tengo es un proyecto de la universidad, en donde estamos haciendo un video, una especie de documental, en donde vemos cómo el consumo se ha constituido en una cultura con una fuerte carga política. Y de eso quiero escribir ahora.
Ríos de tinta han corrido sobre cómo uno de los resultados más refinados del modo de producción capitalista ha sido la construcción de una cultura de consumo, y la producción de consumidores que resulten funcionales a esos diseños culturales. Esto pasa por un bombardeo mediático que impulsa a las personas a comprar, por la constitución de industrias de publicidad y de cultura, y por la creación de necesidades artificiales en las personas, a las cuales se responde inmediatamente con productos cada vez más deslumbrantes y que, rápidamente, quedan obsoletos en una cadena infinita de producción, distribución y consumo. Consumo. Consumo es el elemento constante en todas las etapas de la actividad económica.
Lo dramático es que, precisamente, la actividad económica resulta mucho más trascendente, y pasa a configurar hábitos culturales, prácticas cotidianas y formas de pensar en las personas, de acuerdo a la manera en la cuál consumen. Ya el punto no es producir chucherías, sino convertir a las personas en consumidores por encima de cualquier otro condicionamiento. Se puede ser de cualquier género, raza u opción política, pero ante todo, se es un consumidor, tanto en potencia como en acto. Consumidor de mercancías, consumidor de cultura, e incluso, como yo en este momento, consumidor de discurso.
Nos quedan, entonces, algunos elementos muy claros, que corresponden a las fuerzas que interactúan en este sistema: lógicas de producción económica y cultural que devienen consumo; medios de comunicación, formales e informales, como canales de difusión y garantes de la reproducción de las formas de consumo; y la masa de consumidores como tal que, posiblemente, es la que más dificultades tiene para su definición.
La idea era más o menos esa. Un diagnóstico muy breve, una introducción, si se quiere, de lo que va a ser una serie de escritos sobre el curioso consumidor, individuo (o sujeto, más correctamente) desligado de cualquier condicionamiento sexual, político, racial o social. La purificación de la estructura capitalista moderna y el actor por excelencia de la época posmoderna.
Pronto haré algo sobre cada uno de esos temas que identifico como centrales. Sobre todo, quisiera ver formas de resistencia. Si en algo Foucault tiene razón, es que ninguna relación de poder es establecida sin formas de resistencia que se construyen de forma paralela. Vamos a ver qué sacamos con eso.
Una pregunta muy posmoderna, a propósito de todo: ¿A alguien le interesa esto?
Se escucha: Smile - Télépopmusik